Tercera Vía
] Ernesto Rivera Rodríguez.

Evaristo Longares dibujó a Félix Salgado Macedonio en su libro » El Gran Farsante» no como una pincelada sino como un constructor que ladrillo a ladrillo va construyendo su proyecto. Él, Evaristo, desapareció misteriosamente y a quien se señalo de ello como autor intelectual fue a Justino Salgado, sobrino de Félix Salgado Macedonio, quién años después falleció por arma de fuego, siendo Síndico de Iguala en la administración de José Luis Abarca, hoy en la cárcel, al igual que su esposa María de los Angeles Pineda, a quienes la entonces PGR (1997) les imputó cargos por su presunta participación en la desaparición de los #43 normalistas de #Ayotzinapa.

Durante más de 20 años Félix Salgado Macedonio a caminado con el prurito de ser un luchador social, de lo cual No se le conoce absolutamente NADA, al igual que su mesías- patrón, Andrés Manuel López Obrador, después de abandonar al ingeniero Cuahutemoc Cárdenas Solorzano, a quien dejó por ser un hombre de principios de los cuáles carece Félix, al que no se le conoce absolutamente NADA de ser un supuesto luchador social, y quien a lucrado con ello durante años salvo el de mandar hacer plantones, toma de instalaciones públicas y chantajear a las autoridades.

Su paso por la alcaldía de Acapulco, es una etapa más que gris para el destino Turístico, «plaza» a la que dejó en manos de la delincuencia organizada y la otra de cuello Blanco y de uniforme azul que se apoderó de la Secretaria de Seguridad Pública… precio por el que tuvo que pagar por los hechos ocurridos en el Garita, en Enero del 2005.

Félix es un producto priísta, si priísta, producto de la imaginación y quehacer político de José Francisco Ruiz Massieu, quien en su afán de hacer a un lado al senador y Secretario General de la Federación de Trabajadores, CTM, en Guerrero, Filiberto Vigueras Lázaro, originario de Tlalchapa, Guerrero, quien buscaba en ese proceso electoral ser diputado federal, adversario de Félix, candidato del Frente Democrático Nacional, por el mismo Distrito, José Francisco llevo a cabo el plan que concluyó con los famosos costales llenos de papeles y pocas boletas electorales que le entregaron a Félix Salgado Macedonio, y este derramó desde la Tribuna de los presuntos candidatos electos convertido en Colegio Electoral, en ese 1988.

Así nació la leyenda del «diputado costales», nunca hasta hoy un luchador social, hoy como dirigente de su peor obra teatral, un circo de múltiples pistas, tramoyista del peor espectáculo político vivido en Guerrero en los últimos años, ya curandose en salud… jugándose su última carta al intentar forzar la historia y el destino de Guerrero, y el suyo propio.