Tercera Vía
] Ernesto Rivera Rodríguez

Seis años después de haber tomado protesta como Gobernador del Estado, Héctor Astudillo Flores, ha logrado luchar contra tírios y troyanos, enfrentarse con inteligencia y sobre todo con oficio político, que el destino le ha puesto enfrente. Desde encontrar un estado en las peores condiciones posibles donde su slogan de campaña «Orden y Paz» parecía haberse convertido en una lápida que en un proyecto a alcanzar, y que en momentos tras el cambio de régimen a nivel federal lo empujaba a jugar sus mejores cartas ante nuevos adversarios que buscaban entronizarse y hacerle más que sombra… Con un monstruo que puso a prueba su entereza, voluntad y capacidad política de contención política de salud, la pandemia Sarc2-Covid-19. Su autoridad y decisiones motivaron a los guerrerenses a moderarse y prestar atención a los protocolos establecidos por la su gobierno, desde la Comisión para la Construcción de la Paz y la Salud.

La papa caliente en la herencia de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapos y el alto grado de inseguridad y violencia que azotaba al estado eran las facturas y fracturas heredadas, que lo situaba en los primeros lugares en los índices nacionales de delitos dolosos, secuestros, extorsión y con una economía interna maltrecha, Héctor Astudillo Flores, tuvo que hacer un spring desde los primeros días de su mandato, contra las fuerzas de la naturaleza y lo peor que faltaba por enfrentar, a los jinetes del Apocalipsis, la pandemia global del Sarc2-Covid19, la peste o peor del siglo XXI.

Para encontrarse en los prolegomenos del proceso electoral 2021 que definiria gracias a su perseverancia la entrega de un estado pese a los barruntos ominosos que aparecían en el horizonte una jornada en orden y paz, donde los guerrerenses han dado una vuelta de timón por decisión electoral a un futuro ciertamente incierto empujado por los oscuros caprichos del poder establecido.

Aún así Héctor Astudillo Flores habrá de consolidar su esfuerzo cerrando la página de manera democrática, advirtiendo que nada de lo logrado en esta lucha por sostener y sacar a su pueblo del terror de la pandemia, estuvo calificado a la par por mantener a flote y recuperar la economía, como la sororidad en la pujanza del mismo

«Qué hacer», ante esto. Y lo hizo. Decisión, determinación y firmeza.

En tanto la tormenta política cimbraba al país y sus estructuras federativas Héctor Astudillo se mantuvo con firmeza en el marco Institucional. El constructo de «Orden y Paz» comenzaba a dar sus frutos de forma gravitacional en todos los sectores sociales, y su propia consolidación como uno de los mejores gobernantes del país, sin quitar el dedo del renglón, estuvo
consciente de lo logrado, pero es mucho más lo que queda por hacer, por realizar para sacar a este estado, de de la marca del atraso y la violencia. Los cimientos están y serán dejados firmes sin descuidar que hoy nos encontramos en el color verde del semáforo epidemiológico y sin descuidar lo logrado en seguridad con el apoyo y entrega de las fuerzas armadas, la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales, los avances en Salud, educación atención al campo y una institución político estatal estable y respetada por tírios y troyanos. Ha seis años de gobierno, se entregará un estado con gobernabilidad.