Olga Pellicer
] Apro.

El tema del entendimiento que se dará entre el presidente Biden y el presidente López Obrador sigue despertando especulaciones y preocupación. Hay quienes piensan que la realidad se impone y la enorme interacción existente entre dos países llevará, necesariamente, a una buena relación. Sin embargo, lo cierto es que, a ocho meses de haberse inaugurado el gobierno de Biden, la relación entre los dos gobiernos sigue siendo diplomáticamente correcta, pero en la realidad carente de sustancia y compromisos concretos. Poco o nada se avanza en los problemas de mayor complejidad para ambos países, como son el de la migración, el de la seguridad o el de las miradas opuestas sobre cambio climático.

Con tales antecedentes, el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) celebrado la semana pasada despertó interés, pero los resultados no fueron significativos. El encuentro se quedó a nivel de generalidades y reiteración de posiciones muy conocidas. Los objetivos estratégicos de largo plazo siguen ausentes.

Existe una opinión, frecuentemente expresada por analistas de cuestiones económicas, según la cual nos encontramos frente a una ventana de oportunidad para incrementar significativamente las cadenas de abastecimiento que han sido pieza central de las relaciones económicas entre los dos países.

Cabe recordar que dichas cadenas atravesaron momentos difíciles durante la pandemia, al no existir la regulación adecuada para coordinarlas. Así, por motivos sanitarios México decretó el cierre temporal de algunas empresas cuya producción era estratégica para bienes que se terminan en Estados Unidos. Urge, por lo tanto, avanzar en su mejor coordinación para evitar disrupciones similares en el futuro.

Más allá de enfrentar los problemas logísticos inmediatos, lo que mayormente alienta en estos momentos la búsqueda de acuerdos sobre cadenas de abastecimiento tiene que ver con la relación con China y las disposiciones laborales contenidas en el T-MEC. De una parte, dada la tensión creciente en las relaciones Estados Unidos-China, empresas estadunidenses están tomando la decisión de trasladar hacia otros países las cadenas de abastecimiento que se habían instalado ahí. México parece el destino ideal, tanto por la cercanía con Estados Unidos como por la oferta de mano de obra con las calificaciones adecuadas para emprender tales actividades.

De otra parte, las nuevas disposiciones laborales contenidas en el T-MEC contribuyen a eliminar el malestar que provoca en los sindicatos estadunidenses la competencia desleal que representan los salarios notablemente bajos que se ofrecen en México.

Ahora bien, fortalecer la producción compartida entre México y Estados Unidos requiere de un ambiente de confianza mutua, respeto a normas establecidas en los acuerdos como el T-MEC u otros que puedan surgir, existencia de un buen ambiente de colaboración entre el sector privado de los dos países. Finalmente, visión de largo plazo sobre el tipo de desarrollo económico que se desearía alcanzar, el papel que ocupa ahí la empresa privada, nacional y extranjera y la manera de dar soluciones compartidas a los problemas globales de nuestro tiempo, en particular el cambio climático.

Desde esa perspectiva, la narrativa del gobierno de López Obrador se vuelve cada vez más nebulosa, acentuando la incertidumbre sobre el grado y formas de colaboración económica que, efectivamente, se quieren tener con Estados Unidos, con las empresas extranjeras, con los neoliberales y conservadores, con la prensa crítica o con los formadores de opinión en general. En otras palabras, no hay ambiente para generar certidumbre y sí desconfianza respecto a los propósitos gubernamentales para el futuro.

Los resultados del DEAN están condensados en los informes que, de manera independiente, emitieron respectivamente la cancillería mexicana y la Casa Blanca. Como ha ocurrido en reuniones anteriores, las versiones no coinciden en detalles que pueden ser triviales, pero reveladores de las dificultades para trabajar conjuntamente. El informe de la Casa Blanca es más ordenado y resume mejor los puntos acordados. El de México refleja la poca experiencia de los grupos burocráticos medios que se ocupan de la relación con Estados Unidos en la cancillería.

El tema de fondo más logrado –aunque insuficiente– en ambos informes es el relativo a fortalecer las cadenas de abastecimiento existentes y nuevas. No se trata solamente de mitigar disrupciones en las existentes, sino de explorar oportunidades para satisfacer necesidades de ambos países, atraer nuevas inversiones y mejorar la infraestructura fronteriza para acelerar el comercio. El informe mexicano se refiere a la creación de un grupo de trabajo especial para dar seguimiento a este tema, el de la Casa Blanca no lo menciona.

Los otros tres “pilares” de lo acordado se refieren, el segundo, a “promover desarrollo económico y social sustentable en el sur de México y Centroamérica”. Tema que, sin ningún avance, ha estado en la agenda desde que tomó posesión López Obrador hace casi tres años.

El tercer pilar, a los “instrumentos para asegurar la prosperidad futura”, un punto novedoso relacionado con las tecnologías para la información y las comunicaciones, incluyendo la ciberseguridad. Un campo ignorado hasta fechas recientes que puede tener implicaciones importantes.

Finalmente, el pilar relativo a “invertir en nuestro pueblo” se refiere a ofrecer las habilidades necesarias a los grupos más vulnerables, como mujeres, niñas, jóvenes, grupos indígenas, comunidad LGBTQ, etcétera.

En resumen, los informes respectivos difícilmente pueden verse como un punto de inflexión hacia una etapa reforzada de cooperación económica estratégica entre México y Estados Unidos. La preparación de un documento bien sustentado sobre el particular está por hacerse.

Simultáneamente a la celebración del DEAN han surgido de la cancillería mexicana anuncios de enormes consecuencias sobre la propuesta de reformar o eliminar la OEA, sin ninguna claridad sobre los aliados que acompañarían semejante propósito. Al momento de escribir estas líneas se celebra la reunión de la CELAC que dejará mayor información sobre el poder de convocatoria de México y su posición dentro de las instituciones hemisféricas, lo cual puede contribuir a facilitar, o a complicar seriamente, su diálogo con Estados Unidos.