Tercera Vía
] Ernesto Rivera Rodríguez.

Si en la política la forma es fondo, la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez, acostumbrada a exigir No a solicitar, a gritar, a amenazar, ha transitado en su largo quehacer como «gestora» un liderazgo que hoy pretende imponer y utiliza como escudo para esconder su incompetencia, como su jefe supremo, poner al «pueblo sabio» a enfrentar la verdad.

A la pregunta, «qué piensan de los periodistas»? elementos estos puestos en el punto de inflexión entre la sociedad y el estado, y los interlocutores del mismo, los políticos, surge como lo anotó alguien con mucha presición, «para qué sirven los políticos» y en el caso de Abelina, encontramos un papel aldeano de la misma..

Su discurso está lleno de una visceral secuencia de frases como el: «me aferró». Aferrarse con obstinación, con fuerza obsesiva a una idea, y Acapulco No es una idea, es una realidad, realidad que está fuera de su comprensión, y que le exige dejar el Coliseo en que se encuentra como su zona de confort, y lo vimos en el muy disminuido evento denominado Acatrinas, donde sus huestes la coreaban como a esa lideresa de colonias que lleva tatuada en el rostro.

En qué momento las sociedades se rebelan? Acaso Acapulco está a punto de ello?, lastimado en lo más profundo de su vida por la perdida de miles de seres queridos como sociedad, por el Sarc2-Covid 19. Decenas de cientos de centros de trabajo que bajaron cortinas, cerraron sus puertas y con ello dejaron en la calle a decenas de miles de trabajadores y siguen cerrando, este dos de Noviembre círculo por última vez el Diario Novedades, cerró el Restaurant El Cabrito y Aeroméxico despidió a su personal…y lo que falta, y no vemos por ninguna parte ningún posicionamiento de las autoridades de ningún nivel. Dirán que «No les compete», cómo expresó la alcaldesa Abelina ante el asesinato del urbanero en la Av. Costera hace unos días, y mantenido un silencio ominoso ante el doloso homicidio del director del portal Dos Costas, Alfredo Cardoso Echeverría. Dirá que mandó una esquela, cómo cualquier gente. Sí, despojandose cobardemente de su investidura.

¡Acapulco No merece está autoridad!